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Fertilizantes agrícolas para el desarrollo vegetativo del maíz

Fertilizantes agrícolas para el desarrollo vegetativo del maíz

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La fertilización del maíz debe cubrir las necesidades nutricionales de los cultivos, evitar el agotamiento del suelo, y la contaminación del medio ambiente como resultado de la sobrecarga de producto en el terreno. El cultivo de maíz posee una alta productividad, un enorme crecimiento vegetativo y, en consecuencia, sus necesidades nutricionales son considerables.

Otra característica del maíz es su ritmo discontinuo de consumo de nutrientes: tanto por el ritmo de crecimiento diferente, como por la variabilidad de las necesidades nutricionales en las diferentes etapas de desarrollo del cultivo. El suministro de nutrientes se puede realizar con abono orgánico (estiércol, estiércol líquido, residuos de cultivos) y productos químicos.

La estimación de nutrientes de un cultivo de maíz que produce 10 t./ha. de grano seco es igual a 140 kg./ha. de nitrógeno, 60 kg./ha. de fósforo y 50 kg./ha. de potasio. A estas unidades se les debe añadir las que extrae la planta para la formación vegetativa (las cuáles pueden volver al suelo si se incorporan la totalidad de los cañotes después de la siega del maíz). Si se utiliza toda la planta como forraje, las estimaciones son de 240 kg./ha. de nitrógeno, 100 kg./ha. de fósforo y 210 kg./ha. de potasio.

Fertilizantes agrícolas para el maíz: nitrógeno, fósforo y potasio

Los tres macroelementos principales en la fertilización de maíz son nitrógeno, fósforo y potasio.

El nitrógeno es el factor decisivo para el resultado productivo del cultivo: influencia tanto en los rendimientos, como en la cantidad de proteína en los granos. Según transcurre el crecimiento fisiológico de la planta, también se precisa aumentar la intensidad de la nitrificación del suelo.

Es necesario adoptar estrategias agronómicas para evitar que la nitrificación tenga lugar antes de que la planta sea capaz de absorberlo. No es recomendable la aplicación de fertilizantes agrícolas nitrogenados demasiado pronto, sobre todo en climas cálidos y muy húmedos, con suelo permeable, o regados con grandes volúmenes de agua (o cortos intervalos de riego).

El fósforo es parte de los compuestos que regulan los intercambios de energía. El fósforo forma parte de la membrana celular y de diferentes compuestos que intervienen en el metabolismo. Promueve el crecimiento radicular, la floración, la fecundación y la maduración. Su demanda es más alta en las primeras etapas de desarrollo tras la germinación.

Como el fósforo no es un elemento móvil en el terreno, debe estar disponible en las inmediaciones de la semilla y la raíz. En este sentido se ha desarrollado la técnica de fertilización localizada, usando gránulos para liberar fósforo tan pronto como el cultivo ha comenzado a germinar.

Con respecto al fósforo, las etapas iniciales del desarrollo de la planta son el período más crítico. Una deficiencia de ese nutriente en esta fase del crecimiento de la planta tiene efectos más dañinos que si falta después, aunque la tasa de absorción de fósforo sea paralela al ritmo del crecimiento del maíz.

El potasio regula todos los procesos metabólicos: absorción de nitrógeno, la división celular, la humedad de las hojas, la fotosíntesis, la síntesis de proteínas. Mejora la productividad de la planta, especialmente desde el punto de vista cualitativo. La absorción de potasio termina prácticamente en el momento de la floración.

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